“Cholo” Simeone: el lobo y el cordero

enero 2, 2012 in Blog de Lovingfutbol

Escribo este primer artículo para el blog de Lovingfutbol con los típicos deseos y buenas intenciones del comienzo del año, tanto para mí mismo como para mis seres queridos y amigos más allegados. Entre estos buenos deseos hay uno que entra dentro del terreno de lo superfluo y banal, pero que he incluido con mis mejores intenciones y propósito de llevar a cabo. Quiero que “Cholo” Simeone no me caiga antipático.

Para los que no somos argentinos, ni hinchas del Atlético de Madrid, la figura de Simeone, acrisolada por el tiempo y las temporadas vividas, es la de un centrocampista de corte defensivo, pero que se incorporaba con suma facilidad al ataque, y que en demasiadas ocasiones hacía un uso excesivo de la fuerza física y del choque, siendo lo que uno denominaría un jugador “duro”. Pero claro, es que a mí nunca me cayó simpático el “Cholo”. Ni cuando fue fichado por el Sevilla F. C. en 1992, ni cuando, tras dos temporadas en el club hispalense pasó a ser miembro de la plantilla del Atlético de Madrid en 1994. Y mucho menos cuando, en su jugada polémica más recordada en la liga española, le propinó un plantillazo gratuitamente a Julen Guerrero, dejándole marcado a sangre y barro uno de los tacos de aluminio de sus botas. Era diciembre de 1999 y la acción se castigó con tres partidos de suspensión para el argentino. Es evidente que su perfil encajaba perfectamente en el equipo que logró el doblete histórico del Atlético de Madrid en la temporada 1995-96, ganando la Liga y la Copa del Rey. Aquel equipo tenía una defensa y centro del campo amurallados, se cerraban a cal y canto y si era necesario, sacaban las artes subterráneas que dominaban a la perfección. Nombres que aún causan pesadillas en delanteros retirados hace lustros: Santi Denia, López, Tomás, Solozábal, Toni y como no, Simeone. Un equipo diseñado para contragolpear y noquear al contrario que, por los extremos y arriba tenía mucha calidad con Caminero, Pantic, Kiko y Penev. Dirigidos por Radomir Antic bordaron el fútbol de respuesta rápida y contundencia, con un Kiko hegemónico en su posición de delantero centro y un Caminero que demostraría que se puede llegar a la selección siendo del otro equipo de la capital de España. Mención aparte merece la figura de Pantic, un serbio llevado de la mano por Antic y que parecía haber nacido para jugar en el Atlético de Madrid y lograr el doblete. Después de aquella hazaña su papel se diluyó como un azucarillo. Simeone era el “coco” mucho más que el “Cholo”, al menos para mí.

Pasado el tiempo y con una carrera deportiva como jugador realizada en Argentina, España e Italia, donde también logró enormes temporadas tanto con el Inter de Milán como con el Lazio, llegado 2006, en su último club Racing Club de Avellaneda, La Academia, colgó las botas. De forma casi inmediata se hizo cargo de este mismo club y empezó una exitosa carrera como entrenador que le llevó a ganar el Torneo Apertura 2006 con Estudiantes de La Plata, en un emocionante partido de desempate celebrado el 13 de diciembre en el campo de Vélez Sarsfield jugando contra Boca Juniors. Después pasó a River Plate donde también logró un campeonato: el Torneo Clausura 2008. Estos comienzo triunfales desembocaron en su paso por varios equipos necesitados de revulsivo y que, en términos generales, Simeone logró salvar, incluido el Catania, último equipo europeo en el que ha sido entrenador. Es en esta faceta en la que la imagen de jugador desagradable y brusco se va desdibujando y empieza a formarse una en la que su discurso mesurado y bien razonado deja una sensación parecida a: ¡éste no es el Simeone que yo recuerdo!

Su llegada, en plenas navidades, como si de un hijo pródigo se tratara para enderezar el rumbo de la nave colchonera me ha hecho revivir estos sentimientos encontrados. ¿Será el “Cholo” Simeone un lobo en la piel de un cordero? Desde luego, parece ser la persona que necesita una plantilla pusilánime, con indudable talento pero muy mal gestionada, tanto desde el banquillo, como desde las oficinas del Manzanares. Gregorio Manzano nunca pareció ser de la confianza de los dirigentes del club y su discurso educado y mesurado no parecía ser lo bastante efectivo para domar “tigres” como los que habitan ese vestuario. Cuando encajó un gol a los 24 segundos en su enfrentamiento de vuelta contra el Albacete en la Copa del rey la guillotina cayó cortando la trayectoria atlética de Manzano en dos. Es esperable que Simeone revitalice los ánimos de la plantilla, pero visto su historial en el que en tan solo 5 años ha pasado por 5 clubes diferentes, con dos etapas distintas en Racing Club, apunta más a alguien que va rentabilizando económicamente sus éxitos que aun entrenador de largo recorrido. Aunque, no perdamos de vista una cosa, entrenará al Atlético de Madrid, un equipo caracterizado por dinamitar los banquillos con la misma facilidad con la que Rita Barberà grita: ¡Pólvora para todos!

Francisco García