Cuatro años son demasiados

mayo 7, 2012 in Blog de Lovingfutbol

Cuando Gardel decía en su tango Volver que veinte años no es nada es casi seguro que estaba haciendo futurología de la liga inglesa. En ningún caso lo estaría haciendo de la liga española. Mientras en la Premier League nos asombramos con la longevidad en los banquillos de entrenadores como el eterno Ferguson o el talludito Wenger, aquí nos encontramos con una frase de nuevo cuño usada, de forma anecdótica, por dos entrenadores que se hallan a años-luz uno del otro: cuatro años entrenando a un equipo son demasiados.

El caso de Guardiola sorprende por los tiempos elegidos y permitidos por el club para su decisión de seguir o no, y por el hecho de que su periplo ha sido triunfal y, sin lugar a dudas, el más deslumbrante en la historia del fútbol europeo. En esas condiciones ¿quién se bajaría del tren? Un equipo hecho, con futuro, con un estilo de juego alabado e imitado que garantiza posesiones del balón del 70% , lo cual lleva a un índice de victorias que garantiza la lucha por los títulos no es moco de pavo. Pero parte de lo insondable de la personalidad humana reside en conocer las verdaderas motivaciones de nuestros actos. Guardiola ha manifestado que se ha vaciado y necesita recargarse. ¿No lo hacen todos los profesionales de verdad, más allá de cuál sea su campo laboral? Bastan unas buenas vacaciones para volver con energía renovadas, pero tiende uno a pensar que en el trato con personas estos axiomas pierden toda su verdad. Si a eso sumamos la permanente atención mediática, empecinada en comparar y analizar cualquier movimiento en relación al eterno rival y las aparentemente frías relaciones de Pep con la actual directiva, podemos empezar a entender que su decisión pueda tener más puntos de apoyo que los que normalmente hubiéramos considerado. Veremos el tiempo que Guardiola se da a sí mismo y el que el F. C. Barcelona puede pasar sin reclamar su asistencia y buen criterio. Ése será uno de los temas recurrentes de la próxima temporada.

En la otra punta de la galaxia nos encontramos al pensador Unai Emery. Un hombre capaz de hablar y hablar sin decir nada, y que aprovechó la frase de Guardiola para aplicársela a su situación y poder tener una salida airosa, al menos desde su punto de vista. Diríamos aquí que quizá la frase de Pep se quedó muy larga, pues a todos los efectos, en el caso de Emery tres años ya fueron demasiados. Un entrenador que a sí mismo se calificó de cagón ha logrado que la clasificación del Valencia C. F., por tres años consecutivos para la Champions League sea recibida con frialdad y sensaciones de clara tibieza emocional por parte de la afición. El problema ha radicado en la falta de espíritu ganador, de exigencia y de amor por los colores de las plantillas dirigidas por Emery, además del hecho contrastado de una pésima gestión de vestuario, donde los jugadores hacían y deshacían a su antojo, recibiendo siempre aplausos o miradas hacia otra parte del lado de su entrenador. Es cierto que no es fácil estar tres años seguidos en la máxima competición europea de clubes, y que muchos equipos habrían cambiado gustosos su lugar con el Valencia C. F., lo cual no es óbice para constatar que un gran culpable de la falta de alma y conexión del equipo con su afición tiene nombre y apellidos: Unai Emery.

Los sustitutos de uno y otro: Tito (Pito) Vilanova y Quien Sabe Quien, también tiene perfiles radicalmente distintos. Vilanova seguirá lo que parece ser una línea continuista que permita, en el caso de que la debacle culé se cierna sobre los cielos azulgranas, un rápido viraje hacia costas más recónditas. Sin embargo, el Valencia C. F. parece que cambiará el rumbo radicalmente, buscando un perfil de entrenador experimentado y con algo más de mano dura para exprimir al máximo las bondades (que las tiene) de una plantilla valencianista que debe empezar a mentalizarse de que un juego tan ramplón y pobre como el exhibido esta temporada no es una coartada aceptada por su exigente afición.

Francisco García