
Dicen que “Fiebre en las gradas” de Nick Hornby es el mejor libro sobre fútbol que se ha escrito jamás.
Por primera vez alguien profundiza en el cerebro del aficionado al balompié, y lo hace con rigor y sentido del humor, tratando el fútbol como lo que es, una realidad muy importante, incluso diría que vital en la existencia de mucha gente, pero pasando de tópicos y exageraciones.
El verdadero hincha es un enfermo de su equipo, y con su mal vive sin posibilidad de salida, esclavizado por un calendario de competiciones que marca las pautas de su vida. El autor asocia los hechos relevantes de su propia historia personal con las fechas de los partidos del club de sus amores y desdichas, el londinense Arsenal.
Sin embargo Nick Hornby, que se reconoce a sí mismo como un caso clínico y de los peores, dignifica o, por lo menos, resta dramatismo a la figura del aficionado compulsivo. Define en varias ocasiones a tan particular deporte como “el gran retardante”, haciendo que la niñez más irresponsable se prolongue más tiempo de lo aconsejable en la vida del forofo. “Mientras se disputa un partido de fútbol, soy un crío de once años”, proclama Nick resignado.
Descubre además una gran verdad, la función de “sustitutivo” en la vida del hincha, capaz de ocupar durante largo tiempo el sitio que otras cosas más importantes (el amor, la amistad, la propia formación…) deberían tener, hasta el punto de producirse una identificación total entre el club y su chiflado. Al menos el escritor puede presumir de haber superado tan singular escalón: “…ahora he comprendido que el equipo tiene una identidad radicalmente distinta a la mía, hasta el punto de que sus éxitos y sus fracasos nada tienen que ver con los míos”.
En definitiva, recomiendo su lectura a cualquier aficionado al fútbol que se precie de serlo. No creo que le defraude.