Leyendas del fútbol: George Best
agosto 16, 2011 en Blog de LovingFutbol
Igual que los grandes artistas o rockeros que fallecen a una edad temprana se convierten en mitos, el fallecimiento del norirlandés George Best acabó de agrandar su leyenda, pese a no morir como futbolista en activo.
Best falleció con 59 años en una clínica de Londres a causa de una hemorragia interna, causada por su adicción a la bebida, que afectó a sus pulmones y otros órganos vitales. Su muerte afectó mucho a los amantes del fútbol, puesto que fue uno de los más grandes delanteros que ha habido.
Fueron famosas su frases “Gasté mucho dinero en mujeres y coches veloces. El resto lo despilfarré”. O “En 1969 renuncié a las mujeres y al alcohol, fueron los peores 20 minutos de mi vida”. Y fueron célebres sus hazañas lejos de Old Trafford visitando hoteles de lujo con famosas Misses, y gastando con ellas cantidades ingentes de dinero en champagne.
Antes de alcanzar ese estatus de popstar, preludio de la enfermedad que acabaría con su vida, George Best se convirtió en uno de los mejores jugadores de la historia, pese a su corta carrera. Ofreció al mundo del fútbol seis temporadas mágicas en las que marcó 115 goles en 290 partidos, ganó dos ligas inglesas y una Copa de Europa con el Manchester United, y fue elegido mejor futbolista del continente en 1968, el equivalente a la bota de oro actual.
Debutó en el United en 1963 con sólo 17 años. Era de apariencia frágil, al estilo de otros grandes que no necesitaron del músculo para triunfar en un campo de fútbol, como Cruyff, Platini, o el italiano Gianni Rivera. Excelente técnica con ambas piernas, buena colocación, un ojo en el espacio libre y otro en la portería, regate mágico, o cambio de ritmo mortal, son adjetivos y elogios que llenaron las crónicas de sus partidos.
Pero tantos halagos recibidos, sobre todo tras ganar la Copa de Europa en el 68 junto con otro mito del fútbol inglés como Bobby Charlton, convirtieron a este joven tímido en una estrella mediática que no supo asimilar el éxito, y comenzó su propio camino hacia la autodestrucción.
En 1974 abandonó el Manchester y durante nueve años deambuló por distintos equipos de las Ligas inglesa, escocesa y estadounidense, siempre con una copa en la mano, un acelerador en el pie y con mil demonios en la cabeza. Pasó por once equipos diferentes. Sus vicios le llevaron a la ruina económica y a la enfermedad y la pobreza. Ni siquiera un trasplante de hígado logró calmar su ansiedad y su soledad. Vivió su particular “Living Las Vegas”.
Uno de sus más grandes admiradores, Pelé, prefiere recordar su imagen en Lisboa, cuando en 1966 destrozó 1-5 al Benfica de Eusebio. Al día siguiente la prensa portuguesa lo bautizó con el apodo que lo acompañó el resto de su vida: “El quinto Beattle”.
Sergio-Lovingfutbol
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No lo recuerdo como jugador de fútbol, pero sí tengo en la retina las noticias que aparecían en ¡Hola!, Lecturas y garbo sobre este playboy de aspecto desaliñado y que enconarnó cierto aire “canalla” que ahora es casi imposible de ver, si exceptuamos al grupito de festeros del Valencia.
Es cierto que al final se le acabó conociendo por sus juergas, pero por lo visto fue un pedazo de futbolista. Lastima su poca cabeza.
Por lo visto todo lo hacía al 1000 x 100. Pese a su desastrosa vida personal es una delicia ver sus jugadas y goles. Un genio.
Un placer ver jugar a este hombre. Una pena que no supiera darle más al fútbol, podría haber sido considerado como uno de los grandes, pese a que su selección no le acompañaba.
Pelé good, Maradona Better, George Best!