Partido Perfecto

abril 23, 2012 in Blog de Lovingfutbol

El sábado 21 de abril de 2012 se produjo en el Safeco Field de Seattle, hogar de los Seattle Mariners, un hecho excepcional. Se enfrentaban los Chicago White Sox contra los locales Seattle Mariners en un partido de la temporada 2012 de la American League. El lanzador de Chicago, Philip Humber, logró eliminar a todos los bateadores que se le enfrentaron (27, ni más ni menos) impidiendo que ninguno de ellos pudiera llegar siquiera a la primera base, logrando lo que en béisbol se denomina un “partido perfecto”. Con tan sólo 20 precedentes en la longeva historia del béisbol en los Estados Unidos, este hecho entra por derecho propio en los anales de la historia de este deporte. Al menos, en el mundo del béisbol lo tienen claro, son capaces de determinar cuando un partido es “perfecto”.

¿Existe alguna posibilidad de transferir al fútbol el concepto de perfección en un partido? El primer problema radica en el desarrollo de ambos juegos, tan diferentes. Siendo ambos juegos de equipo, en el “partido perfecto” del béisbol la responsabilidad y el peso del logro recae en altísima medida sobre el lanzador que, con la necesaria colaboración de su defensa, logra anular el ataque contrario. El fútbol, un juego mucho más colectivo y caótico repartiría las cargas sobre muchos más jugadores, aunque en esencia estaríamos hablando de algo muy parecido: anular el ataque contrario hasta extremos en los que el logro de cualquier acierto sería imposible.

La defensa en el fútbol, como muchos entrenadores predican en los últimos tiempos, es una labor colectiva que atañe a todos los componentes del equipo, delanteros incluidos. Por ello, una forma de definir un “partido perfecto” para el fútbol debería contemplar el reparto de responsabilidades sobre todos los elementos del equipo. Igualmente, buscando aproximaciones entre el béisbol y el fútbol podríamos establecer que logros como conseguir una base en el béisbol podrían ser equivalentes a lograr un corner, sacar una falta frontalmente al área o, incluso, lanzar un penalty.

¿Cuándo un equipo anularía completamente al ataque contrario? No es fácil establecerlo, pero la ausencia de posesión del balón haría imposible para un equipo lograr siquiera una jugada de ataque elemental, como colgar un balón sobre el área. Altos porcentajes de posesión harían factible que la defensa fuera activada en positivo, es decir, como un control del juego propio que impide al contrario profundizar en nuestras líneas. Una primera tentativa de definición para un “partido perfecto” en fútbol podría ser la siguiente:

El contrario no lanza ningún corner
El contrario no lanza ninguna falta desde nuestro propio campo
El contrario no lanza ningún penalty
El contrario no lanza entre los tres palos
El portero no hace ninguna parada

En lo relativo a los números, esto podría ser un “partido perfecto” en fútbol, pero ¿quién negaría que un partido que se gana sin encajar goles podría ser denominado como “perfecto”? En este caso hablaríamos de lo que en béisbol se conoce como “blanqueada”, es decir el contrario se lleva un nulo rendimiento a casa, mientras nosotros ganamos el partido. Dado que en béisbol nunca se empata, el resultado 0-0 del fútbol plantea un problema, ¿”Partido perfecto” para los dos equipos o “blanqueada doble”? Una premisa debería ser que para que un partido sea denominado “perfecto” éste debe ganarse.

No es necesario hacer partidos perfectos para ganar campeonatos. El Real Madrid 2011-12 lo ha demostrado. Con posesiones no demasiado relevantes, le ha bastado marcar muchos goles para llevarse el campeonato (virtualmente es suyo). Por el contrario el F. C. Barcelona, quizá el equipo más dotado para hurtar la posesión del balón al contrario y por ello el equipo que más cerca haya podido estar de lograr “partidos perfectos” definitivamente perdió la liga en su propio campo perdiendo 1-2 contra el Real Madrid. Su portero, Víctor Valdés, es el menos goleado a falta de cuatro jornadas, certificando que el sistema defensivo del F. C. Barcelona tiene aptitudes sobresalientes sobre todo en su propio terreno de juego, las cuales no le han bastado para seguir la estela del líder.

El análisis estadístico aplicado al fútbol está aún en sus primeros balbuceos, por lo que hasta que no se desarrolle con más intensidad y se acepte como estimador de ciertos aspectos del juego, el “partido perfecto” siempre será el que se gana, aunque sea de penalty injusto en el último minuto.

Francisco García