Milagro en Avellaneda

febrero 28, 2011 in Blog de LovingFutbol

caiExisten hechos en la vida que a priori no pueden ser explicados por el sentido común o que pueden hacer pensar que son resultado de la influencia de una fuerza sobrenatural. Estos sucesos los encontramos en el mundo del fútbol de vez en cuando, siendo hitos difíciles de presenciar. Uno de estos milagros futboleros se produjo hace ahora 38 años en Buenos Aires, en la cancha de Independiente de Avellaneda.

Eduardo Maglioni fue un delantero que le daba a la pelota con ambas piernas y que se caracterizaba por ser un especialista del área. Era el típico cazagoles rematador, el prototipo del delantero-centro de siempre, y que parece estar desapareciendo en la actualidad.

Eduardo no era del todo consciente de lo que había logrado aquél 18 de marzo de 1973 cuando se encontraba en el vestuario de Independiente, aplicándose hielo sobre el músculo semitendinoso de su pierna izquierda. Tuvo que pedir el cambio a mitad del segundo tiempo, cuando no podía más. Se había exigido al máximo después de que su hinchada le pidiera marcar el cuarto.

Era la tercera jornada del Torneo Metropolitano e Independiente goleó por 4 a 0 a Gimnasia y Esgrima de la Plata. El primer tiempo finalizó con la mínima diferencia a favor de los locales, gracias a un gol del uruguayo Ricardo Pavoni. Tras el descanso, Maglioni consiguió un récord todavía no igualado a fecha de hoy, y que probablemente, figurará en los anales de la historia del fútbol por tiempo inmemorial. Aquélla tarde los dioses se fijaron en él, lo iluminaron, y decidieron guiarle hasta la gloria. Y lo mismo a los afortunados que pudieron presenciar en “La Doble Visera” lo que allí acaeció.

Entre los minutos 4 y 6 del segundo tiempo, concretamente en un intervalo de 1,52 minutos, Maglioni consiguió un hat-trick, tres goles en un abrir y cerrar de ojos, casi sin respirar. El primero, con un pase de su compañero Semenewicz que le llegó un poco atrasado pero que supo revolverse y mandarlo al segundo palo, cuando su intención era enviarlo al primero, según él mismo reconoce con franqueza. A continuación vino el saque de centro de Gimnasia y Esgrima. Los puntas de Independiente tenían ensayada la ilegalidad de salir en dirección al campo contrario un momento antes de ponerse el balón en juego. Y así cayó el segundo. Ricardo Pavoni robó el balón al receptor del saque, Pignani. Maglioni en plena carrera hacia el marco contrario levantó su brazo pidiendo el balón. Cuando lo recibió de Pavoni había ganado la espalda a la defensa y sólo ante el meta Gurruciaga fusiló el segundo. El tercero siguió el mismo esquema, pero esta vez fue su compañero Montero-Castillo quien robó e inició la jugada. Aquí Eduardo acompañaba la jugada en posición de interior derecho. Aquél amagaba el pase a su compañero y la escondía, hasta llegar al semicírculo del área grande donde fue trabado por Gotfrit, central de Gimnasia, con la suerte para Eduardo de quedarle el balón franco para el disparo. Le pegó con el alma y logró lo increíble. Como era de esperar la locura se desató en la grada ante la desesperación de “Los Triperos”.

En el mundo del fútbol existen y existirán siempre records que superar, pero volver a tener noticia en el ámbito profesional de un hito como el descrito en esta crónica, lo intuyo imposible. El japonés Masashi Nakayama posee el récord del hat-trick más rápido de la historia a nivel internacional, cuando anotó tres goles a Brunei en 3 minutos y 3 segundos. Le sigue Willie Hall, futbolista inglés que en 1938 marcó a Irlanda tres goles en 3 minutos y medio. Increíbles ambos, pero necesitaron el “doble de tiempo” que nuestro protagonista.

eduardo maglioniEduardo Maglioni debe ser el tío más feliz del mundo. No es un mito de Independiente como lo son Erico, Bochini o Bertoni, pero siempre será querido y admirado. Existe una peña con su nombre que lo recuerda, y periodistas de todo el mundo que le llaman cada 18 de marzo para revivir con él su hazaña. Es historia viva de “El Rojo”.

Por mi parte, hubiera dado todo por presenciar en directo este regalo del fútbol como espectador, o mejor como futbolista. Ese 18 de marzo de 1973 me hubiera conformado con ser Ricardo Pavoni.

Sergio-Lovingfutbol