Tiempo de Abono

junio 19, 2012 in Blog de LovingFutbol

Con la finalización de la liga, se abre ante los atribulados seguidores un horizonte estepario. Cierto es que si uno quiere encontrar fútbol, lo encontrará. En este año 2012 tenemos la Eurocopa, pero también las eliminatorias para el ascenso a primera, las de 2ª B a segunda división, ligas outsiders que comienzan en fechas como el 1 de agosto, o directamente las ligas de las antípodas. Torneos veraniegos, amistosos, cada vez más devaluados y menos interesantes, torneos infantiles retransmitidos para goce y disfrute del adicto futbolero, repaso de la temporada, revisión de partidos históricos; vamos…, que el que no se consuela es porque no quiere.

Desde la trinchera informativa es éste un tiempo de rumurología y renovación de intereses. Dependiendo de la suerte corrida por los equipos estelares los medios informativos modulan sus propuestas y análisis para maximizar las ventas y hacer que el aficionado tenga, mañana a mañana, algo que degustar junto a su sudor veraniego. Pululan las famosas “serpientes de verano” que lejos de resultar temibles y peligrosas, acaba resultando fastidiosas en grado superlativo. Da igual que la propuesta esté hilvanada con hilos metafóricos o míticos, lo importante es crear una sensación de que todo puede ser cierto, aunque desde el principio se sepa de su imposibilidad. Junto a estos actores secundarios hace su entrada el coro de actores principales: los clubes y sus directores deportivos.

En el tiempo de abono, ése dedicado a estimular al aficionado para que vuelva a confiar en su equipo y pase por taquilla para comprar todos los partidos de la siguiente temporada, la parte fundamental la llevan a cabo los clubes y sus propuestas para la nueva temporada. Con un ejercicio de amnesia realmente destacable, el aficionado hace borrón y cuenta nueva y, a pesar de que escasamente ha pasado algo más de un mes y medio, todo parece relucir como una vajilla de plata recién estrenada. Los clubes insuflan nuevas ilusiones aprovechando las altas y las bajas. El alivio de ver marchar a un jugador poco rentable se complementa con la infundada certeza de que el nuevo jugador que lo sustituirá dejará el pabellón muy alto. La incorporación de nuevos entrenadores auguran tarde de excelso fútbol que, se concreten o no, sirven para que el aficionado cuestione la posibilidad de acudir una temporada más al templo del fútbol. Los fichajes estrella cada vez son menos. Sólo Real Madrid y F. C. Barcelona parecen capaces de animar a sus legiones de seguidores con ese recurso fácil del fichaje millonario. La clase media y baja de nuestra liga se conforma con buscar en el mercado jugadores jóvenes por descubrir o jugadores contrastados a coste cero en su traspaso.

En el universo fútbol, por tanto, no hay discontinuidades, todo es un continuo con una lógica interna implacable. Desde el diseño del nuevo abono hasta el detalle promocional que lo acompaña, desde las nuevas camisetas hasta las giras exóticas para equilibrar los presupuestos, desde los nuevos dibujos tácticos a la confirmación de que todas nuestras sospechas estaban bien fundadas. En este tiempo de interregno entre la competición acabada y la que tiene que comenzar uno es consciente de su condición de aficionado impenitente y siguiendo esas órdenes genéticamente adquiridas, se dispone, entre feliz y estupefacto, a obtener su abono de temporada con el convencimiento de que al igual que en la vida, habrá de todo un poco: bueno y malo a partes iguales.

Francisco García