Solitarios bajo el larguero

agosto 31, 2010 in Blog de LovingFutbol

De niños, a todos nos gustaba jugar de delantero en el partido de fútbol que se improvisaba cada día en el patio del colegio. El puesto de portero, casi siempre (y mira que los niños pueden ser diablillos), quedaba reservado al gordito de la clase, al empollón, o al que no corría mucho. Sin embargo, los niños que un día fuimos hemos aprendido, con el tiempo, que la posición de portero es una de las más complicadas dentro del campo. Guardar la portería requiere de unas características, tanto físicas como psíquicas, determinadas.

De las físicas, el portero ideal tiene que ser alto para parar aquellos balones que vuelan por encima de su cabeza endirección a la red; tiene que ser corpulento para intimidar al delantero y para empequeñecer la portería. Porque, qué grande le parece la portería al portero, y qué pequeña es para el delantero… Y sobre todo, tiene que tener buenos reflejos. El portero tiene una vida profesional más larga, suelen ser más mayores que cualquier otro jugador, y a pesar de lo que se pueda creer, la experiencia y la edad, en este caso, son un punto a favor para el equipo. Sálvese De Gea de esta norma: un crack en su portería, a punto de cumplir los 20 años, el joven guardameta del Atlético de Madrid fue preseleccionado para formar parte de los convocados para el Mundial. Finalmente, no pudo ser, y es que De Gea tenía grandes competidores. Iker, Reina y Valdés fueron los elegidos y formaron parte de los 23 españoles que lograron traerse a España la Copa del Mundo.

Sin embargo, las condiciones psíquicas requeridas para jugar de portero transforman a este jugador en todo un artífice dentro del campo y en un jugador clave a la hora de frenar un ataque del adversario. Necesita tener dotes de mando para colocar a sus diez compañeros restantes en el sitio adecuado ante una jugada ofensiva del equipo contrario o ante un lanzamiento de falta. Requiere de una fortaleza mental excepcional, el portero tiene que estar concentrado los 90 minutos del partido, no se le puede notar el cansancio que llega a soportar, sobre todo en un cara a cara con el delantero. El arquero tiene que ser inteligente y pícaro. Sus entrenadores les aconsejan que, ante el lanzamiento de un penalti, realicen una serie de muecas o gestos que puedan desconcentrar e incomodar al adversario. Ser portero tiene mucho de psicológico y deben conocer a sus adversarios al dedillo. Reina, portero del Liverpool, le chivó a Casillas por qué lado iba a disparar Cardozo, el delantero paraguayo, en el partido de Cuartos de Final del pasado Mundial. Nuestro capitán tuvo el humilde gesto de reconocer que si lo paró fue gracias a Reina, gracias a los conocimientos de este portero guasón que se toma muy en serio su trabajo y se implica a la hora de estudiar a cada uno de sus contrincantes. Izquierda o derecha. Realmente complicado.

Los porteros se diferencian del resto del equipo. A primera vista, visten una camiseta diferente. Casillas impuso la moda de la camiseta de manga corta, se cortaba las mangas para sentirse más cómodo en los partidos hasta que le confeccionaron una camiseta de manga corta como dios manda. Dicen que los colores chillones benefician al portero y asustan al delantero; un estudio de la Universidad de Chichester en Inglaterra concluye que los arqueros que visten de rojo detienen más penaltis que los que utilizan camisetas de cualquier otro color. El rojo intimida y el guardameta aprovecha cualquier indicio con tal de parar un gol. Angél Comizzo, ex portero de River de Argentina, dijo en su día: “el sueño de cualquier pibe es cobrar el gol de la victoria en la última chance, el mío siempre fue jodérselo”.

Desgraciadamente, los porteros suelen estar a la sombra de los éxitos de su equipo, nunca podrán sumar un gol en el marcador, ni ser la estrella en la final de una competición importante, y si no que se lo digan a Iniesta, cuyo renombre se ha visto revalorizado tras la final del Mundial de Sudáfrica gracias a su gol de la victoria. Sin embargo, los guardametas están en el centro de las críticas cuando cometen un fallo. En una tanda de penaltis, pueden pasar de la gloria al fracaso en cuestión de minutos, de ser héroes a ser villanos. Todos criticamos sus errores, aunque, con el paso del tiempo, la figura del portero ha recobrado importancia y, en algunos casos, hasta se han ganado el cielo: San Iker, el maestro de las paradas, el capitán de la Selección, popular, querido por todos y con un palmarés difícilmente superable.

Seguramente, muchos de ellos han acabado bajo la portería sin quererlo. Víctor Valdés, actual defensor de la meta del Barça, confesó en el programa Informe Robinson, que estuvo a punto de abandonar en varias ocasiones, no le gustaba ser portero, tenía “pánico a fallar”, pero gracias a la insistencia de su padre y de su hermano, Valdés continuó en el mundo del fútbol y ahora es uno de los más grandes bajo el larguero. Y es que cuando alguien está hecho para parar goles nada debería impedírselo. Gracias a ellos, el fútbol es alivio y, en otras ocasiones es alegría, rabia o decepción. En cualquier caso, el portero nos hace sufrir pero no podríamos vivir sin él.

Carla-LovingFutbol